DESCRIPCIÓN DEL BLOG:

Es un blog literario dedicado íntegramante a destacar la figura de Heberto Padilla, escritor, poeta y hombre de pensamiento dentro del marco de las letras cubanas, así como, develar la génesis y las consecuencias dentro de la cultura hispana y universal del llamado Caso Padilla. Es nuestra intención acopiar documentos éditos e inéditos sobre el particular a modo de esclarecer las circunstancias que rodearon este momentum histórico y preservarlo como legado a las generaciones más jóvenes de escritores, poetas y artistas cubanos e hispanohablantes en general.

martes, 28 de abril de 2015








HOY 27 DE ABRIL SE CUMPLEN 44 AÑOS, SÍ, 44, DE AQUELLA TERRIBLE NOCHE DE LA AUTOCRÍTICa DE HEBERTO PADILLA. DONDE TAMBIÉN PARTICIPAMOS PABLO ARMANDO FERNÁNDEZ, CÉSAR LÓPEZ, MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ Y YO. COMO EN LOS PROCESOS DE MOSCÚ. UNO DE LOS GRANDES ERRORES DE LA TIRANÍA CASTRISTA.
AQUÍ LES PONGO LA ÚNICA FOTO QUE EXISTE DE HEBERTO PADILLA Y FIDEL CASTRO. ES UN RECORTE DE PERIÓDICO DE 1959, CUANDO SE CREARON UNAS MILICIAS DE INTELECTUALES (QUE NO CREO QUE EXISITIERAN JAMÁS). EN LA FOTO, DE IZQUIERDA A DERECHA: NATY GONZÁLEZ FREYRE, HEBERTO PADILLA, JAIME SARUSKY, FIDEL CASTRO (DESPEINADO Y SUCIO), WALTERIO CARBONELL Y JOSÉ ÁLVAREZ BARAGAÑO.
 — con Orlando Luis Pardo Lazo.

miércoles, 18 de marzo de 2015

16 DE MARZO, 1980: NEW YORK: LA GUARDIA. HAN PASADO 35 AÑOS
El 16 de Marzo de 1980 llegó Heberto Padilla a Estados Unidos, tras una larga batalla por su salida de Cuba. Lo había ido a recibir a Montreal, a donde Heberto había viajado desde La Habana, Jan Kalinski, ayudante del senador Edward Kennedy. No fue Gabriel García Márquez, como él afirmó en más de una ocasión, quien consiguió su liberación sino el senador Edward Kennedy, quien junto al escritor Bernard Malamud, entonces presidente del Pen Club Internacional, y tras las gestiones de Bob Silvers, director de The New York Review of Books, escribió a Fidel Castro.
Aquí, este recorte de The New York Times dando noticia de su llegada, y una foto de aquel día tras la conferencia de prensa ofrecida por el senador Kennedy, dándole la bienvenida a Heberto.De izquierda a derecha: Ernesto Padilla, Belkis, Heberto, Giselle Padilla (que hoy cumple años), y el senador Kennedy.
Aunque ya estábamos en la antesala de la primavera, nevó ese día en New York. Entre el frío y la tensión acumulada de más de un año de gestiones para lograr que dejaran salir de Cuba a Heberto, al otro día me vi aquejada de un fuerte catarro. No era para menos: Brenda, una amiga urugüaya de mi comadre Nélida Sánchez, me había prestado ese vestido con el que estoy en la foto, nada apropiado para el clima, pero más elegante que mi ropa de entonces. Vivía yo con mi hijio Ernesto (entonces de 6 años) en Elizabeth, New Jersey, en casa de mis amigas las Arjona, y trabajaba en una tienda de ropa en Elizabeth Ave. Pero como apenas si me alcanzaba para cubrir mis gastos, no tenía dinero para ropa ni nada por el estilo. Recuerdo aquel abrigo de cuadros rojos que me había regalado Anarda Pupo, la vecina de los bajos, y con el que me cubría del frío durante mi caminata matinal al trabajo. Era un abrigo pasado de moda, claro, pero gracias a él pasaba menos frío.
Mi agradecimiento eterno a los que nos ayudaron entonces, a los amigos solidarios, como Nancy y Juan Manuel Pérez Crespo, a la familia Arjona (a la que considero también mi familia), a mis padres (que vivían en Miami), a la poeta Martha Padilla, hermana de Heberto (ya fallecida), a Marthica, mi sobrina. A Nélida Sánchez, mi comadre, quien llevaba y traía a Ernesto de la escuela... A todos, todos, los que me dieron una mano entonces. Y especialmente a Dios, por su amor incondicional, y abrirme las puertas.
El resto de la historia, mis conversaciones con García Márquez, etc., está toda en mi libro La buena memoria, que, con el favor de Dios, espero tener listo pronto.
TOMADO DE: https://www.facebook.com/belkis.cuzamale

martes, 27 de enero de 2015







Sebastián Arcos Cazabón leyó uno de los poemas de ‘Fuera del juego’, en una noche dedicada a Heberto Padilla en Casa Bacardí. DAVID SANTIAGO EL NUEVO HERALD

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/entretenimiento/ent-columnistas-blogs/olga-connor/article8262816.html#storylink=cpy


Heberto Padilla escribió poemas en Fuera del juego que revelaban la presión y la censura que sentían los intelectuales en Cuba a finales de los años 1960. Este es uno de los poemas en que advierte la vulnerabilidad del poeta: “Los poetas cubanos ya no sueñan/ (ni siquiera en la noche). / Van a cerrar la puerta para escribir a solas, / cuando cruje, de pronto, la madera; / el viento los empuja al garete; / unas manos los cogen por los hombros, / los voltean, / los ponen frente a frente/ a otras caras / (hundidas en pantanos, ardiendo en el ‘napalm’) / y el mundo encima de sus bocas fluye / y está obligado el ojo a ver, a ver, a ver”.
María Salgado, en un artículo sobre la poética de Padilla en la Revista Iberoamericana (1990), comenta que hay ecos de la poesía de José Martí en Padilla, pero este no se puede permitir ni siquiera el lujo de soñar, sabe que Cuba es parte de un mundo muy complejo, envuelto en muchas luchas globales.
Para recordarlo a la luz de los acontecimientos recientes entre Cuba y Estados Unidos, el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, ICCAS, se unieron al Center for a Free Cuba (Centro para una Cuba Libre) freecuba@cubacenter.org, que propuso un encuentro en la Casa Bacardí, sede de ICCAS titulado: Una noche con la poesía de Heberto Padilla.
La profesora Ileana Fuentes y el poeta Ángel Cuadra presentaron el programa que dirigió Frank Calzón, director del Center for a Free Cuba, y que incluyó la lectura de poemas de Fuera del juego, el libro premiado en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, en 1968 con el premio de poesía Julián del Casal, y que luego llevó a prisión a Padilla. Se habló del impacto de su obra y la reacción de intelectuales alrededor del mundo, que abandonaron la causa cubana por esta vendetta contra el escritor y la que fue su esposa Belkis Cuza Malé. Varios poetas, escritores, y activistas de derechos humanos seleccionaron y leyeron poemas de Fuera del juego al final, entre ellos: Ángel Cuadra, Rosa Maria Payá, Janisset Rivero, Daniel Pedreira y Sebastián Arcos.

Cita fraterna sin tiempo

“Hemos llamado, como a una cita fraterna sin tiempo, a varios poetas para ir al encuentro de Padilla, a su poesía, a su persona, porque hay voces que no debemos dejar que se apaguen por el paso de los años, y se hace necesario reactivar su mensaje en la medida en que el mismo sirva para poder entender mejor un momento significativo en la historia de un país”. Así comenzó su discurso Cuadra, comentando que a la libertad del pensamiento acudió Padilla con su poesía, la que defiende el PEN Club de Escritores. El poeta recordó a Octavio Paz, cuando escribió que “La libertad no es una filosofía y ni siquiera una idea: es un movimiento de la conciencia”.
Curiosamente, el sacrificio de Padilla no fue en vano, pues el mundo de la cultura internacional volvió los ojos hacia Cuba con una actitud crítica, incluyendo al comunista Jean Paul Sartre, quien era en ese momento el líder de la intelectualidad de izquierda. Y muchos de ellos protestaron. Mario Vargas Llosa, José Emilio Pacheco, Susan Sontag, Marguerite Duras,Simone de Beauvoir y otros firmaron una carta en contra del encarcelamiento de Padilla y su esposa, el 20 de marzo de 1971. Con este poema de Padilla sobre su poética cerró Cuadra sus palabras:
“Di la verdad. /Di, al menos, tu verdad. /Y después / deja que cualquier cosa ocurra:/ que te rompan la página querida, / que te tumben a pedradas la puerta,/ que la gente /se amontone delante de tu cuerpo / como si fueras / un prodigio o un muerto”. • 
TOMADO DE: http://www.elnuevoherald.com/entretenimiento/ent-columnistas-blogs/olga-connor/article8262816.html

miércoles, 7 de enero de 2015





RepresiónIntelectualesHeberto Padilla, La denuncia de hoy

La mala memoria

Un artículo sobre Heberto Padilla que es más una crítica que un reconocimiento
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A raíz del reciente restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el régimen castrista y el gobierno de EEUU, el diario español El País ha publicado el pasado 21 de diciembre una especie de dossier donde expresa: “Este cambio trae ilusiones de apertura en la Isla, pero también sirve para recordar a las víctimas del exilio, interior y exterior, y cómo este influyó indefectiblemente en el desarrollo cultural de la nación de los Martí, Carpentier y Lezama Lima”.
Así, selecciona “Los casos personales de Guillermo Cabrera Infante, brillante novelista y crítico cinematográfico; Néstor Almendros, uno de los más distinguidos directores de fotografía de la historia del cine; el vitalista escritor Eliseo Alberto y los poetas-símbolo Reinaldo Arenas y Heberto Padilla [quienes] ejemplifican bien las crueles contradicciones de la revolución cubana”.
Cada uno de los escogidos es objeto de una semblanza en la cual constan sus orígenes, alusiones a su quehacer literario y las tribulaciones que debieron sufrir por parte de la revolución castrista.
Advierto devoción, respeto en los textos alusivos a estos artistas y escritores cubanos ya desaparecidos.
Excepto en uno: el correspondiente al poeta Heberto Padilla, redactado por el escritor chileno Jorge Edwards y titulado “Disidente despistado”; título que, a mi juicio, parece anunciar más una crítica que un reconocimiento.
Afirma Edwards en su semblanza sobre Padilla que este, a su regreso de la Unión Soviética —donde se desempeñó como diplomático durante un período de la década de 1960— “soñó con encabezar una disidencia cubana. Creyó que podía ocupar ese lugar sin demasiado riesgo, protegido por su prestigio de poeta traducido a lenguas extranjeras, pero no comprendió la magnitud de la crisis interna de Cuba en los días de su regreso, la del viraje prosoviético de la revolución y la del fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar”.
Edwards llegó a Cuba en 1971 para ejercer labor diplomática, enviado por el gobierno chileno, entonces encabezado por Salvador Allende; es decir, cuando ya Heberto Padilla había dado a conocer su poemarioFuera del juego, en 1968, que resultara distinguido con el Premio Julián del Casal de la Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) y que posteriormente diera pie al llamado Caso Padilla, la retractación del poeta ante los miembros de la Uneac y finalmente la cárcel para el autor. De manera que todo lo que narra Edwards en el párrafo citado, debió conocerlo de labios del propio Padilla, con quien entonces trabara amistad, o acaso la profundizara si ya existía.
Del propio párrafo aludido se podría inferir que Heberto Padilla “soñó” un sueño ingenuo, muy ingenuo —que no todos lo son—, se sobrevaloró tanto que, soñó que “protegido por su prestigio de poeta traducido a lenguas extranjeras”, aun “soñó con encabezar una disidencia cubana”.
Ahora me entero de esta quimera de Heberto Padilla, porque eso de “encabezar una disidencia cubana” está fuerte; “disidencia cubana”, que bien a bien no se sabe qué quiere decir esto, pero debemos pensar que el poeta proyectó algo así como volver a los intelectuales y artistas cubanos contra el régimen, o llamar a la población a un paro cívico o intentar fundar un partido político independiente... En fin, “una disidencia cubana”, lo cual, tratándose de Cuba, no podría ser, por ejemplo, colombiana.
En el párrafo señalado, encuentro asimismo un contrasentido. Escribe Edwards sobre el “viraje prosoviético de la revolución”. Aquí lo que se entiende es que la revolución realizó un viraje en favor de la Unión Soviética, cuando, lo que intentó decir el autor, es lo contrario.
Otro párrafo algo macarrónico del texto de Jorge Edwards es este: “... creyó que mi llegada a La Habana como representante diplomático del gobierno de Salvador Allende, con la misión breve de reabrir la embajada de Chile, podría ayudarlo, y sucedió exactamente lo contrario. Heberto me dijo demasiadas cosas, con información detallada, con humor negro, con exclamaciones provocativas, y eso sirvió para reforzar las acusaciones en contra suya”.
Pues sería otra inocencia de Heberto Padilla creer que la llegada de Edwards —como dice este— a La Habana “podría ayudarlo”. ¿Por qué podría ayudarlo? Yo no veo ninguna razón para que así fuera, si bien el escritor chileno viniese como representante de un gobierno de izquierda acólito de Fidel Castro. Si acaso, quién sabe, alguna ayuda leve, porque Heberto Padilla, por muy soñador “despistado” que fuese entonces, debía estar consciente que contra ese muro de la naciente dictadura castrista, nadie, por muy fuerte que fuese, lograría una quebradura para ayudar a alguien y menos en un caso como el de él.
“Creyó que mi llegada a La Habana...”. ¿No hay cierto protagonismo, cierta autosuficiencia en esta frase de Jorge Edwards?
Asimismo, eso de que “Heberto me dijo demasiadas cosas, con información detallada, con humor negro, con exclamaciones provocativas, y eso sirvió para reforzar las acusaciones en contra suya”, me parece una falta de pudor a estas alturas, amén de que, según pondero, no tiene nada que ver con el propósito del texto que El país le solicitara al escritor chileno.
Y otra ininteligibilidad: ¿por qué “eso sirvió para reforzar las acusaciones en contra suya”? ¿Por qué, lo que le expresara el poeta al diplomático chileno, sirvió para tal cosa?
Creo entender, con algún esfuerzo, que Heberto Padilla expresaba lo mismo que a Edwards en otros sitios —en otros sitios—, y “eso sirvió para reforzar las acusaciones en contra suya”? Pues claro, debemos estar seguros de que lo confiado a Edwards caía en tumba tapiada.
Por otra parte, afirma el escritor chileno en el escrito de marras, que a Padilla le fue otorgado el Premio Julián del Casal “gracias a los votos extranjeros del jurado”.
Esto es falso.
Para argumentarlo me remito a lo recientemente expresado por Manuel Díaz Martínez, hombre, poeta, amigo por el que me atrevo a meter en la candela no la mano, sino el brazo completo.
Anota Díaz Martínez en su blog personal, el pasado 21 de diciembre: “Edwards afirma en su texto que, ‘gracias a los votos extranjeros del jurado’, el libro de Padilla Fuera del Juego obtuvo el premio que tanto inquietó a la dictadura castrista y que dio origen al célebre Caso Padilla. El jurado que decidió ese premio lo integraron tres cubanos —José Lezama Lima, José Zacarías Tallet y yo— y dos extranjeros —el inglés J. M. Cohen y el peruano César Calvo—, de modo que si sólo los extranjeros hubiesen votado por el libro de Padilla, como dice Edwards, nuestro poeta se habría quedado con las manos vacías”.
Entonces, ¿qué ocurre con esta pifia de Jorge Edwards señalada por Díaz Martínez?, ¿un lapsus?, o, para invocar al propio Padilla, solo se debe a “la mala memoria”.
Ya ven. Así van las cosas.

Referencias:

jueves, 1 de enero de 2015



¡Qué pequeño es el mundo, que cabe en cualquier sitio!
Así termina el poema “Apostasía moderna”, perteneciente al libro Los poemas de la mujer de Lot , de Belkis Cuza Malé, que, como aquélla, saliera también de “Sodoma” pero sin mirar atrás, por lo que, afortunadamente, no es hoy una rígida estatua salina sino un ícono viviente de humanidad, sencillez y compromiso, con una prístina misión de promoción cultural a través de ese monumento literario que es su revista Linden Lane.
Cuarenta y siete poemas dan fe de su sobrevivencia tras el éxodo de la Sodoma caribeña, donde lo peor no ha sido el desenfreno sexual sino el canibalismo político –porque desde la independencia, la tragedia siempre ha sido de cubanos contra cubanos, devorándose unos a los otros, con rusos y americanos como catalizadores principales de tan feroz reacción química–, y el castigo de Dios, lejos de convertir a la isla y a sus apóstatas habitantes en un gran monumento de sal –por haber renunciado a la tierra prometida tras tenerla–, ha sido sufrir estos más de 50 años vagando por el limbo en círculos que profundizan cada vez más el desvarío del falso Mesías y de sus seguidores.
La poeta Belkis Cuza Malé es una viajera incansable, que usa su mente como medio, sin las ataduras del tiempo, el espacio y los temidos aviones como impedimento para sus desplazamientos. Desde un verano en Princeton –donde “el niño bebe su jugo de frutas sentado como un jefe indio frente a la TV”–, una fugaz visita a Romeo y Julieta –cuya muerte fingida “sentenció a Romeo a morir amándola” –; otra a Nueva York “la noche en que mataron a John Lennon”; Belkis exorcisa a los demonios con su poesía. Tanto en Texas como en Miami Beach –“donde las judías duermen sin vejez”–, ella le hace un “homenaje a lo cotidiano”, construye “un amuleto para las feministas”; recuerda conmovedoramente a su incondicional amigo José Cid –“cuando usted, Heberto y yo… nos lanzábamos de cabeza contra las viejas murallas habaneras” –; evoca a Silvia Plath –“un tulipán en cada cuenca de los ojos” – ; se pregunta “cómo era la dacha de Boris Pasternak”… “en una época en que el termómetro estuvo a punto de estallar” , y canta su victoria sobre la maldición del “ghetto” precisamente detallándolo.
Tras un breve descanso imaginario, ahora Belkis nos transporta hasta “Suecia”, a “un paisaje invernal para los desterrados”, donde “la memoria cavó trincheras a su paso y arrojó entre las piedras la ciudad salpicada de agua de mar, como en un cuadro de Seurat”, y convida a Oscar Wilde a acompañarnos, “con su martirizado ruiseñor”, en nuestro viaje, bajo una luna azul, “matriarcal y loca”, que “se pinta y se engalana para sus vecinos”, para ver pasar “el desfile infinito de los que no saben protegerse de la infelicidad”.
“Fantasmas, memorias”; “el Caballo de Troya” que puede habitar en cualquier parque –o en el patio de mi casa, que es particular–, siguen desfilando, pero es inútil “cerrar la ventana para no … caer en el pasado”, ni “close your eyes” en la página 44 para evitarlo, aunque te ocultes “en el tatuaje de un viejo marinero”, o en “la estatua de sal que conquistó el olvido”.
Ahora es “Rilke en Toledo”, un invierno en Princeton; un “pensamiento griego” sobre “las pequeñas, las íntimas derrotas, que se inflingen los unos a los otros”; “una fruta tomada al descuido”, al fin ya sin los bíblicos “complejos de culpa” de un “Adán sin Eva”; la “Historia de otra” a la que en su “Sueño de una noche de invierno”, como “la vieja durmiente del pueblo”, “el ojo de Dios” ve pasar despierta a “estas horas de la noche”.
Cuarenta y siete poemas que son una verdadera “caja de los recuerdos”, una “apología del viento”, y que tras leerlos, nos permiten contestar sin dudas esa pregunta final: “¿Poética?” , con un sí rotundo, porque, ¡qué pequeño es el mundo, que cupo entre estas páginas!
19 de marzo del 2011
*Publicada en la revista digital Cubaencuentro, Madrid, España, el 23 de abril del 2011.


Belkis Cuza Malé bajo los tilos*
Desde que yo vivía en México deseaba conocer a Belkis Cuza Malé y publicar algún artículo mío en su Linden Lane Magazine –antes, durante mis treinta y nueve años viviendo en Cuba, su nombre y el de Heberto Padilla nos fueron ocultados por el régimen castrista–, y cuando pasé la frontera para venir a los Estados Unidos estuve muy tentado de ir a Forth Worth a conocerla, pero el “sentido común” me hizo desistir de la idea, y vine directamente para Miami, donde comencé a leer sus artículos en el periódico el Nuevo Herald. Un comentario suyo acerca de “el exilio de terciopelo” –con el que me sentí aludido debido a mis seis años en México sin romper con el régimen de La Habana completamente– me hizo escribirle, y así iniciamos un intercambio “emailístico” que, para mi fortuna, fue in crescendo, y hasta le dediqué un poema, sin saber casi nada todavía sobre su leyenda personal –los cubanos oímos campanas a lo lejos, y somos capaces de hablar hasta de la altura del campanario– , pero le atiné en casi todo, como los lectores ahora podrán comprobar:
Es cierto que en Berlín/ existe ya una avenida umbrosa,/
del lado que fue rojo tras el extinto Muro,/pero tú,/
huyendo precisamente/de esas tristes sombras,/engendro caribeño/de un Hitler tropical,/
fuiste a refugiarte/a un camino de Texas,/de tilos refulgentes, /y una casa muy azul./
Heberto fue tu esposo,/el padre de tu hijo,/y el poeta difícil de la renunciación,/
sufriendo ambos la cárcel, /el duelo del destierro,/y el final de su amor,/pero,/
cual pitonisa de un futuro divino,/brillas hoy con luz propia,/en un juego de damas,/
que no acepta otro Rey/que no sea Jesús.
(En el camino hay un solo tilo, valga la aclaración)
Después de la publicación en el 2007 de su poemario La otra mejilla por la Editorial ZV Lunáticas, de la escritora cubana residente en París Zoé Valdés, el siguiente libro publicado por esa editorial fue mi Calentando el bate, dedicado a Heberto Padilla, donde aparece un poema mío a Heberto, además del dedicado a Belkis; todo ello sin plan aparente alguno, pero donde estuvo la mano de Dios para que finalmente nos conociéramos, y naciera entre nosotros una amistad a primera vista, que me enorgullece y que es hoy una de las más grandes alegrías de mi vida.
Esta incansable creadora guantanamera –poeta, novelista, pintora y promotora cultural–, que ya lleva casi treinta años editando ese monumento literario que es Linden Lane Magazine, y que como periodista sienta cátedra por sus inteligentes entrevistas a destacadas personalidades de las letras, es ahora la entrevistada por mí en la Tertulia de APOGEO, por lo que de verdad voy a “bailar en casa del trompo”:
–¿Qué tiene Guantánamo, que ha dado tantos escritores y artistas importantes a la cultura cubana, a pesar de ser una ciudad de provincia tan alejada de la capital?
– Supongo que son las aguas del río Guaso, que nos nutrió a todos, escritores y músicos. En Guantánamo confluyen diferentes generaciones de artistas, que extrañamente van a darle a la ciudad una fisonomía distinta. Cada uno de estos intelectuales y artistas deja un aporte valiosísimo, no sólo a la cultura local, sino a la de la isla.
Yo estudié un año, siendo aún muy niña, en la escuelita que quedaba en casa del poeta Regino Boti. Las hermanas de Regino Boti fueron mis maestras, pero no recuerdo si en efecto eran una o dos. Tengo entendido que mi abuela, siendo una niña, cursó estudios allí, de seguro que con familiares del poeta. Recuerdo en especial el jardín de la casa de Boti. Caminar por allí a la hora del recreo era para mí la felicidad. En aquel jardín descubrí la poesía.
– El 20 de enero, fecha en que te hago esta entrevista, es la fecha del nacimiento de Heberto Padilla, a quien hemos dedicado esta tertulia; ¿cómo conociste a Heberto, y cuál consideras que es su principal aporte a la historia y a la cultura cubana?
– A Heberto lo conocí el 6 de febrero de 1962, en la fiesta de los premios Casa de las Américas. Yo no había cumplido aún los veinte años cuando obtuve en ese concurso una mención con mi libro Tiempos de sol. Heberto había quedado finalista por El justo tiempo humano – un libro precioso– . El ganador resultó Fayad Jamís, quien presentó un libro de exaltación revolucionaria, típica de la época que vivíamos: Por esta libertad, que le valió el premio.
Yo vivía entonces en Santiago de Cuba, y tuve que recurrir a mi abuelo materno – un catalán establecido en Guantánamo, que apenas si hablaba español– para que me acompañase a La Habana, pues mi padre era mi estricto y no me hubiera permitido viajar sola.
El aporte fundamental de Heberto a la cultura cubana es haber traído a la escena una poesía que entonces no se hacía en Cuba, una poesía que se había nutrido sobre todo de la inglesa, pero de un modo nuevo, de la mano de la poesía rusa, que ya en las últimas décadas casi sucumbe a la tragedia de la Historia – fíjense que la puse con mayúscula– revolucionaria . La política asomaba la oreja, pero de un modo nuevo, y los poetas redimían su papel de burócratas oficialistas.
Fue Heberto el primero en abordar con su obra una temática nueva, y enfrentar así al naciente estado totalitario y la represión. Su denuncia de lo que estaba sucediendo abrió el camino y socavó los cimientos de la revolución. Y sus poemas fueron y siguen siendo proféticos. Ya nada fue igual a partir de Fuera del juego.
– Para mí tú eres la más fiel continuadora de esa tradición de revistas literarias cubanas que alcanzó su cénit con Orígenes, y como aquélla, has editado Linden Lane ya por casi 30 años sin ningún apoyo institucional ni de la clase rica cubana en el exilio; ¿qué te ha compulsado para poder imponerte por sobre esta desidia interminable, que logró acabar incluso con Orígenes en su momento?
– Como he dicho en varias ocasiones, Linden Lane Magazine es una misión que Dios me ha encomendado. De no ser así no se hubiese podido publicar ni un solo número, pues, ¿de dónde iba a sacar yo los $2,000 que costaba cada número, entre gastos de imprenta, de envío por correo y de typesetting?. Incluso llegué a publicar un número estando en España en 1983. Y sin que yo moviese un dedo las universidades de este país, las más importantes, comenzaron a suscribirse a Linden Lane Magazine, una revista diseñada, producida y dirigida por una mujer desde la mesa de su cocina.
La idea fue enteramente mía, aunque Heberto me secundó (más bien a regañadientes) y no tuvo otra opción que acompañarme a recoger los ejemplares a las distintas imprentas donde carenábamos buscando precios más bajos. En la imprenta del principal periódico de Princeton (The Princeton Packet) estuvimos publicando el primer año, pero era muy costoso y tuvimos que buscar otro sitio. Por eso nos fuimos hasta la misma ciudad de New York. Al final descubrimos que esa ciudad tenía las imprentas más baratas, pues por lo regular sus propietarios eran asiáticos enfrentados a la competencia. Pero debo añadir que nunca me resultó una tarea agobiante, a pesar de compartir mis horas de trabajo con las de periodista, poeta, ama de casa, madre y esposa. Fueron años muy productivos esos de los ochenta y los noventa, porque LLM fluía, y mi esfuerzo no era en vano. No sé cuántas veces nos mudamos, cuántos tropiezos existieron a lo largo de estos años, pero siempre había tiempo y espacio para el magazine.
Aunque debo recalcar que no fue fácil: el exilio cubano no ha aprendido de los ricos de este país, tan generosos para apoyar la literatura y las artes en general, ni ha considerado necesario – a pesar de todo su patriotismo– proteger la cultura, ni promoverla. La mayoría de las actividades que se realizan fuera de Cuba son por iniciativas personales, con un gran sacrificio por parte de todos.
Por eso yo soy la primer sorprendida cuando veo que tras casi treinta años de haber comenzado, LLM todavía existe, y son muy pocos los escritores cubanos en el exilio que no han publicado en sus páginas. Sin recursos aparentes, pero con la protección de Dios, LLM ha sobrevivido las más extrañas peripecias, y hoy ha entrado en la era moderna de la tecnología más avanzada. Gracias a un artículo que milagrosamente leí en The New York Times, me puse en contacto con una compañía, la HP, que publica ahora *en demanda*, y cuyas ediciones son de lujo. Hemos pues llegado a la calidad extrema, tras haber estado todos estos años publicando en forma de tabloide en news print, o papel gaceta; estilo que a mí en particular me gustaba mucho, pues estaba inspirado en el célebre The New York Review of Books, que dirige Robert Silvers.
Junto a LLM fueron surgiendo las ediciones LINDEN LANE PRESS, que ya llevan más de 18 títulos publicados, y que ahora también se han renovado, pues hemos comenzado a publicar a todo color y en ediciones de lujo.
–Belkis, tú y Heberto fueron los primeros “cimarrones” literarios que “huyeron” del control absolutista del estado, y los rancheadores de la uneac salieron enseguida a perseguirlos, cumpliendo órdenes de su mayoral; ¿estaban ustedes conscientes de que al escribir y publicar tú Juego de damas y Heberto Fuera del juego estaban en realidad jugando con un fuego que los podría quemar y marcar para siempre, como finalmente sucedió?
–Esos libros se escribieron sin otra intención que la de expresar lo que sentíamos en aquella época. Heberto estaba dispuesto siempre a manifestarse a través de sus poemas y opiniones, y solía decir que de lo único que podían acusarlo era de un delito de opinión. Pero aunque no era un hombre ingenuo, esta suposición sí que lo era, a pesar de que él conocía muy bien lo que significaba un régimen totalitario, pues había vivido y trabajado durante varios años en la Unión Soviética, a principios de los sesenta.
–Premonitoria siempre –por eso te llamo “nuestra pitonisa nacional”– , en tu poema Compro muebles viejos: sillas, camas, bastidores…, perteneciente a Juego de damas, escrito entre 1964 y 1968, afirmabas: … “y el nuevo propietario comienza a pensar /que él es el otro,/que todo lo que toca se convierte en sal y agua”…, como desgraciadamente ocurriría en realidad, porque ese “nuevo propietario” hasta la sal le llegó a racionar a nuestro pueblo; ¿fue una revelación de ese espíritu que siempre me dices que te habla, simple intuición femenina, o es que tenías información sobre lo sucedido en nuestros “países hermanos socialistas de Europa”?
–Ese poema y otros son intuitivos; claro, recogen el estado del alma de ese país, con sus miedos y desconciertos. Todo el libro Juego de damas es eso, la visión espiritual de lo que sucedía alrededor de la autora –yo–, que padecía entonces tanto como los personajes femeninos de ese libro, historias casi reales que yo transformaba en poemas; mi visión patética de la realidad, en versos directos, despojados de la palabrería al uso de cierta poesía cubana.
–¿Qué opinas sobre esa tendencia que prolifera actualmente de etiquetar la literatura como “feminista”,“homoerótica”, “lésbica”, etc.?
–Ya he dicho en repetidas ocasiones –pero claro, esto no significa que deseo imponer mi criterio a nadie– que la literatura es una, y no debe ser fragmentada en espacios absurdos. No existe una literatura femenina, lésbica, o teñida con el color de la piel o las ideas religiosas de los creadores. Eso es aislarse, encerrarse aún más en un círculo de automarginación. Existe la poesía y no se llama femenina, ni masculina, ni nada que se le parezca. Sólo eso, poesía.
–¿Quiénes son tus poetas y novelistas preferidos?
–Son muchos y variados los poetas que me alimentaron de muy joven. Yo diría que Pablo Neruda fue uno de los fundamentales en aquella época, al igual que César Vallejo, Arthur Rimbaud, Guillermo Apollinaire, Rainer María Rilke, en fin, como dije, muchos. Pero luego siguieron los poetas en lengua inglesa, esos poetas que vinieron de la mano de Heberto Padilla. Heberto fue mi maestro y su poesía para mí es fundamental en mi desarrollo.
Por entonces yo leía muchas novelas, muchas, pero las de Virginia Woolf eran mis preferidas, al igual que los cuentos de Katherine Mansfield y todas las obras de primera calidad de la literatura universal. Leía lo mismo a los rusos que a los franceses eternos.
Un novelista que influyó en mí fue Mihail Bulgakov con El maestro y Margarita, y también Carson MacCullers, con su mundo del sur americano.
–Comenzaste a publicar muy joven, y formaste parte del grupo de escritores de Ediciones El Puente, entre 1961 y 1965, además de ganar menciones en importantes concursos literarios en Cuba; ¿qué le aconsejarías a los jóvenes que hoy escriben y ansían ver publicadas sus creaciones literarias?
–A los jóvenes y a los menos jóvenes que intenten ser escritores, poetas, artistas, lo único que les recomendaría es que leyeran mucho. Que no dejaran de leer la Biblia, porque allí está todo, las historias más sorprendentes, y Dios, el creador del Universo, con sus mensajes extraordinarios llenos de sabiduría humana, que todo escritor debería conocer. Además, sobre todo, les recomendaría que vivieran a plenitud, que amaran, que tuvieran hijos, que cocinaran, que no dejaran de participar de las experiencias vitales que hacen posible la imaginación y la creación.
8 de marzo del 2011, Día Internacional de la Mujer
*Publicada en la Revista Hispano- Cubana No. 39, Madrid, España.